Mi Dharma

Hola encantada de conocerte me llamo Julia y te compartiré por aquí reflexiones y comentarios sobre el mundo del yoga, la meditación y el bienestar.


Recuerdo que hubo un momento de mi vida en el que estaba muy a la deriva, y no sabía que podía escuchar mis emociones y pensamientos. Sentía que algo no estaba bien pero no entendía qué me pasaba.

Por muchas circunstancias y situaciones había dejado de hacer las cosas que me gustaban, entre ellas algo que había probado en la universidad y no sabía porque quería hacerlo que se llamaba yoga.

Por primera vez llegué a plantearme que estaba triste, que en realidad sentía una enorme tristeza y descontento con la vida, aunque a nivel material todo me sonreía.

Un día llegué a la oficina donde trabajaba, me sentía muy agobiada por ansiedad y cansancio de no saber qué hacer. Sentía que quería apagarme, quería algo que me calmara y escribí sin pensarlo en el navegador de la compu: meditación en Caracas. Llamé al primer centro de meditación que aparecía en la búsqueda, me dieron horarios y me apunté para ir a la semana siguiente.


Al día siguiente, recuerdo claramente que haciendo tiempo para un trámite bancario entré a una librería a ojear qué había (En mi tiempo de estudios en la universidad trabajé en una librería pequeñita y hermosa que era de una prima, me enamoré de estos espacios de paz). Sin darme cuenta estaba en la sección de autoayuda, esa sección nunca me había interesado en el pasado, pero estaba ahí con un libro en las manos que se llamaba El arte de la felicidad del Dalai LamaY pues sí, lo compré y lo devoré. Nunca me había sentido que alguien explicara tan bien lo que yo sentía y me diera herramientas que me parecían tan reveladoras. Estaba acercándome a métodos para ser feliz de forma consciente.


La semana siguiente comencé a asistir a las sesiones de meditación budista y empecé a leer cada vez más sobre estos temas. Sentí que muchas cosas empezaban a tener sentido. Me di cuenta que nunca me habían enseñado a ser feliz o alguna manera de darme cuenta cuando las cosas no estaban bien en mi interior y qué hacer. Mis creencias me hacían creer que iba de forma correcta en la ruta, que lo que sentía adentro era todo causa del exterior y que la vida es lucha pase lo que pase.

Poco a poco volví a ir a las clases de yoga al aire libre en espacios abiertos en el parque que tanto me gustaban. Siempre me ponía bajo la sombra de un gran Samán. Me encantaba la savasana porque me quedaba atontada viendo las ramas y hojas moviéndose por el viento. Sintiendo de nuevo mi cuerpo en reposo, sintiendo de nuevo mi corazón latiendo en calma.

Comencé a practicar a diario la atención a la respiración y esas posturas que yo pensaba que eran físicas, y hoy miro atrás y puedo ver los cambios que sucedían.

Las enseñanzas explican que cambiamos a diario, a cada minuto a cada instante, y agradezco a la vida que me haya permitido enfocar mis cambios en positivo y a favor de mi felicidad.

La meditación y el yoga me permiten darme cuenta cuando hago algo que no me hace bien, enfocar mi energía, generar pensamientos positivos y creadores, cuestionar las cosas que no me agradan desde el amor y aceptarlas porque simplemente son, quererme como soy y entender que el mundo que veo afuera es la interpretación que hago yo de mis pensamientos. La única verdad es el amor y las ganas de vivir que nos abren los ojos cada día, esa inhalación que sucede a cada instante.

Es por eso que con el paso del tiempo, cada día me doy cuenta y se afianza cual es mi Dharma, naturaleza innata o camino de vida. He hecho muchas cosas en mi corta vida pero siempre ayudar, acompañar en procesos y servir han sido las cualidades que más me han atraído.

Empezar a enseñar yoga fue y sigue siendo una decisión desafiante, y cada clase es un aprendizaje como si fuera el primer día. Iniciar este proyecto de yoga digital, en el que propongo mostrar cosas sobre yoga y meditación desde mi perspectiva es muy retador, y lo hago con mucho respeto y humildad hacia mis maestrxs. A ellxs mi agradecimiento profundo y eterno.

Me entusiasma pensar que puedo ayudar un poquito a otras personas a encontrarse, sentirse y quererse. Esa es mi motivación mayor, ese es mi Dharma.

Gracias por estar aquí.